17 agosto, 2026

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“La última batalla”, la identidad en subasta, el origen del relato

Por Guillermo Santoro (Especial Abralapalabra).- El libro parte de una fría noche de noviembre de 2020, en pleno aislamiento por la pandemia.

El autor, que en ese momento se desempeñaba como director del Museo Malvinas, recibió un llamado urgente de la periodista cordobesa Alicia Panero. La advertencia parecía inverosímil: su vieja cédula militar de soldado, con su foto rapada de 1981 y sus datos de ingreso al servicio militar, figuraba en la plataforma eBay en Inglaterra, ofrecida al mejor postor como un trofeo o “souvenir” de guerra.

Ese hallazgo fortuito enciende el motor de la novela. Para Edgardo Esteban, ese cartoncito desgastado ya no era un simple trámite burocrático, sino la condensación extrema de su nombre, de su cuerpo y de la memoria de todos los que combatieron en las islas. El mercado contemporáneo demostraba, de la forma más impersonal posible, que la guerra se seguía librando en el presente a través de expedientes, correos electrónicos y pujas digitales.


Una estructura en paralelo: Del barro al presente

La obra cuenta con 280 páginas y se estructura en dos líneas temporales que se cruzan e iluminan mutuamente:

  1. La batalla legal y burocrática: Narra el intrincado, frustrante y largo proceso que el autor emprendió junto a abogados y redes de apoyo para enfrentar el despojo, frenar el remate y recuperar su documentación e identidad confiscadas tras la rendición.
  2. Los días como prisionero: Reconstruye de forma cruda las jornadas finales en Puerto Argentino, el hacinamiento en los campos de prisioneros improvisados en el aeropuerto y los galpones de YPF, y el regreso cargado de requisas y silencios impuestos por la dictadura cívico-militar.

La novela combina realidad y recursos de ficción para retratar la posguerra no como un trauma cerrado en el pasado, sino como una duración, una presencia constante que late en el cuerpo y en las relaciones familiares.


Voces que acompañan la memoria

El lanzamiento de La última batalla contó con el respaldo de grandes figuras de la cultura y los derechos humanos en sus prólogos y presentaciones:

  • León Gieco: El cantautor —quien además acompañó musicalmente el posterior viaje de regreso del autor a las islas junto a su hijo menor— destacó la legitimidad del texto: “El libro vuelve a tener eso que no se fabrica: verdad. Cada palabra transforma el dolor en relato y la memoria en un puente hacia el futuro”.
  • Pedro Saborido: El guionista y escritor reflexionó sobre el verdadero foco de la obra: “Edgardo no vuelve a la guerra. Vuelve al después. A esa otra guerra más larga, más sorda: la que se libra contra el olvido e indiferencia”.
  • Hernán Brienza: El historiador sumó que la recuperación del documento trasciende lo individual: “Es una acción de reparación de la memoria colectiva, cuando deja de ser un recuerdo personal para convertirse en la memoria de un pueblo”.

Evitando la solemnidad terminal de una despedida, la novela cierra con una mirada hacia las nuevas generaciones. La frase “no todo es barro”, pronunciada por Facundo (el hijo de Esteban) durante un viaje compartido a las islas, sintetiza la esencia del libro: Malvinas es dolor y despojo, pero también puede transformarse en transmisión, ternura colectiva y futuro.

Editor. EM

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