Por Edgardo Miller.- A 50 años de La Biblia, todo un ícono –tal vez uno de los mejores discos de rock del mundo, Ricardo Soulé gracias por atendernos. Poeta imprescindible de la escena nacional, guitarrista, violinista y armonista.
Me toca despedir a un pionero del rock nacional, miembro original de Vox Dei, falleció este 2 de octubre Ricardo Soulé.
RS: Gracias a ustedes por darme la oportunidad de conectarme con el público y hablar de algo tan lindo como la música.
ED: En un momento –además- tan difícil donde todas son pálidas, hablar de la música predispone a estar bien.
RS: Tiene ese cometido en la sociedad, la música, que es acompañar a los seres humanos. No solamente tiene un aspecto artístico sino de “consuelo”. La música, a lo largo de la historia universal acompaña y consuela al hombre.
Es muy potente poder llegar a dar ese cariño o afecto a las personas, a través de las letras, los acordes, los ritmos. Doy gracias a Dios por poder tener esta profesión maravillosa, llevo 50 años de músico.
EM: En qué año arrancas con la música.
RS: Empecé en el año ’56, cuando tenía seis años; mi papá me llevó con una profesora de Quilmes que tocaba el violín, primero fue un juego y cuando vieron que me las rebuscaba más o menos empecé con los libros y de forma académica en el conservatorio.
Tenía la influencia de mis tíos y de mí papá que era músico aficionado, se armaban tremendas guitarreadas en Villa Urquiza porque ellos eran de ahí, yo nací en Quilmes.
EM: Vi un documental por el canal Encuentro, lo hacías desde tu casa de Quilmes, ¿esa es tu casa materna?
RS: Sí, ahí viví hasta los 25 años y de ahí partí con Graciela y con Gabriel* nuestro primer hijo con destino a Londres, que fue mi primer viaje.
EM: En qué momento te vinculas con los músicos: Willy Quiroga, Yodi Godoy y con Rubén. ¿Cuándo arman Vox Dei?
RS: El momento fue en el año ’67 aproximadamente, verano del ’67. Puse un aviso en una academia de música en Quilmes, donde me ofrecía como bajista; yo tocaba el violín, que el instrumento que me parecía más afín era el bajo, y acudió. Rubén Basoalto que se apareció en mi casa y allí arrancamos sin saber que eso iba a ser Vox Dei. Rubén, ya tenía una banda y le faltaba un bajo, nunca llegué a tocar en esa banda no me gustaba la música que hacían, le propuse que hiciéramos juntos otra. El primero que se suma es Yodi Godoy –era amigo de Rubén-, vivían a la vuelta, que tenía equipo, guitarras, estaba muy bien informado sobre música. Yo les propuse poner a un guitarrista de mi grupo anterior que era Jorge Carbonello pero, al poco tiempo que se tuvo que ir a la colimba era obligatorio, necesitábamos cubrir ese puesto de Jorge y ‘una amiga de una amiga de otra amiga’ nos dijo que en Berazategui había un muchacho que tocaba guitarra y cantaba muy bien. Lo fuimos a buscar con Rubén y Godoy, encontramos a Willy Quiroga y arrancamos en el año ’67.
EM: ¿Las primeras grabaciones son de Mandioca?
RS: No. Nosotros ya habíamos hecho otras grabaciones no profesionales en otros estudios. Trabajábamos de músicos de sesión en las oportunidades que se presentaban y como forma de pago nos daban horas de estudio. Fueron nuestras primeras grabaciones como amateur y grabamos dos temas, uno de Willy y el otro mío, todo en inglés. Willy aparece un día con la novedad de una grabadora que buscaba grupos y pedimos hacer una prueba.
Nosotros tocábamos en lo que para esa época se llamaba confitería, actuamos en una de Quilmes y nos fue a ver Jorge Álvarez, Pedro Pujó y Mario Rabei que pertenecían a la cúpula de Mandioca, hicimos nuestro show de rutina y les gustó. Nos propusieron hacer una prueba en un estudio profesional, después se firmó un contrato, nuestro primer contrato profesional. El primer simple fue Azúcar amargo y Quiero ser, tuvimos que cambiar la letra porque ellos querían que cantemos en castellano.
Ahí hicimos “click” y desde ese momento empezamos a escribir y cantar todo en castellano.
EM: Después de ese simple viene: ¿Canción para una mujer y Total qué?
RS: No. Ese simple salió del Long play que sacamos. Es un corte de Caliente que el primer Long play que sacamos y fue en el año ’70. Fue muy exitosa la Canción para una mujer, tal es así que un grupo inglés sacó una versión y anduvo muy bien en Atlantic Record, ellos la tocaron en todo el mundo. Engancharon una gira con Alice Cooper y fueron a Japón, Europa, Estados Unidos y era uno de los temas fuertes que tocaban. Tuve la suerte de escucharlos en el Wembley (estadio) y oír nuestra canción fue muy emocionante.
EM: ¿Cuándo te fuiste a Inglaterra?
RS: Yo me fui a tocar y me fue muy bien. Pasaron muchas cosas, conocí músicos, teatros, grabadoras y escuché mucha música, viajé mucho además. Me encontré con Papo y armamos un grupo con dos muchachos ingleses, en Chelsea, nosotros vivíamos en London Borough of Hammersmith and Fulham (barrio inglés) donde había una sala de ensayo y el Carpo había hecho muy buenas migas con la gente, conseguía horarios de ensayos a muy buen precio. Comenzamos a armar un disco que yo tenía pensado para CBS Buenos Aires, en ese momento se desencadenó el “Rodrigazo” la parte económica se derrumbó y mi productor ya no podía bancar las grabaciones entonces, ese mismo disco se hizo en Buenos Aires y en lugar de CBS lo hice en RCA y es mi primer disco solista que se llama “Vuelta a casa”.
EM: Volviendo a la historia de Vox Dei yo los 50 años de La Biblia, ustedes compusieron temas que son emblemáticos. No había un solo campamento que no cantara el tema Presente –yo era mochilero por la época- que era y es un himno de varias generaciones.
RS: Sí, esa canción trascendió los límites del rock y de la música progresiva y entró dentro de lo que se llama el repertorio de la música Argentina, donde figuran temas como: Zamba de mi esperanza, Muchacha ojos de papel, La Balsa y más canciones de esa categoría. Lo mismo le pasa a Canción para muerte, que son motivo de honra muy grande y además un estímulo para seguir escribiendo y cantando en esta carrera de la música pretendiendo vivir de ella, de la poesía y de la literatura. Yo estoy muy feliz de haber escrito esas canciones.
EM: Una carrera difícil, pero en tu caso muy exitosa, sos uno de los músicos fundamentales del rock.
RS: No me puedo quejar, sería un ingrato si lo hiciera en cuanto a la trascendencia que tuvo mi obra, conozco músicos muy talentosos que no han tenido ni por asomo la oportunidad que tuve yo y varios de mis compañeros, para poder ser escuchados y considerados de la manera que yo fui escuchado y considerado.
EM: Ricardo, cómo se gesta La Biblia.
RS: Se gesta como una tormenta que aparece en el horizonte en un día muy claro, y nada puede detenerla, no vale que te escondas o te metas adentro de tu casa, rompe los vidrios abre ventanas, vuela los techos y se mete para siempre en tu vida.
EM: Cuánto tiempo les demandó La Biblia.
RS: Aproximadamente un año. Hubo muchos elementos que se dispusieron para poder llegar a ese resultado, no fue solamente ponerse a escribir, fue un trabajo muy arduo, pretencioso y un año muy poco tiempo para semejante trabajo y tuvimos suerte, también.
EM: ¿Imaginaron alguna vez que iban a tener tanto éxito?
RS: No, la verdad es que no. Y no fue solo el éxito del momento –que fue muy grande- sino que perduró a través de los años y hoy está cumpliendo los 50 años de una obra que tiene vigencia indiscutible y es sorprendente para medio siglo, es verdaderamente sorprendente.
EM: Lo interesante es que la han escuchados cinco o más generaciones y la siguen disfrutando.
RS: Recién ahora creo que hay más elementos adecuados de juicio para poder valorarla que en la época en que se editó.
EM: Hay varias reediciones, digamos que la original es del sello Disc Jockey y es la versión que se editó.
RS: Sí, yo no hablo de versiones sino de la obra en sí. Las versiones fueron motivo de los avatares de la carrera, de un grupo, de un país y de un mundo que no tiene la estabilidad que tiene una obra que, al ser intangible, al ser un producto intelectual escapa a toda la parte material de las personas, las compañías discográficas, de las políticas, entonces trasciende en otra forma y es por eso que se grabaron distintas versiones. La primera, es la original, del año ’71; la segunda es del año 1986 y fue en vivo y la tercera, en el sello Warner, del año ’97.
EM: Se celebran 50 años de La Biblia, sabemos la vigencia que tiene el Vox Dei original y lo que vino después, vos tenés una carrera muy sólida como solista y en otros grupos. Vox Dei, es una parte de tu vida pero hay otra parte destacada y que tiene que ver con tu labor después de Vox Dei.
RS: Sí, yo seguí escribiendo porque ya lo hacía antes de Vox Dei.
Yo nací músico. Mi familia me orientó y me formó hacia la música antes de los seis años y –además- siempre tuve un vínculo importante con la literatura a través de mi padre, profesor del secundario. En casa tener libros por todos lados era algo muy cotidiano; teníamos: bibliotecas, mapas, cuadros, música; era frecuente ir a conciertos, escuchar ópera, jazz, en nuestra casa que estaba muy inmersa en las distintas expresiones artísticas y para mí el arte siempre formó parte de mi vida desde que tengo uso de razón.
EM: Cuál es el proyecto más importante que desarrollaste en tu vida.
RS: La producción de letras y músicas formaron parte de una sola fuente que es mi alma. Puedo decir que escribí con el corazón y algunas canciones serán mejores que otras, pero, desde el punto de vista de la entrega toda están en la misma categoría.
EM: Tenes un proyecto que es ‘La bestia emplumada’, al que le has dedicado mucho tiempo.
RS: Es el proyecto más largo que tuve desde que me profesionalicé. Hace unos quince años y este trabajo se vio fracturado como todos los trabajos a partir de la Pandemia.
La Bestia tiene alrededor de ocho o diez temas, hay varios discos conceptuales que se refieren a un tema en particular y esto es muy atractivo para los que gusta de cierto tipo de composición o argumento. Por ejemplo, ‘La vulgata’, es un disco que sacamos en 2015 y también contiene de temas bíblicos, íntimamente vinculado a los libros de los cristianos medievales.
EM: ¿Cómo fueron las integraciones de La bestia emplumada?
RS: Empezó con Gabriel Soulé –mi hijo mayor-en guitarra y voz; el australiano Budd Middler, en batería, y el tano Colautti, en el bajo y yo, en guitarra, violín, armónica y voz. La primer gira la hicimos en Río Turbio, sin saber que nos estaban grabando, recién al entrar al estadio el sonidista me avisa que van a grabar el concierto, pero no lo tuve en cuenta. Al año me llama Lito Nebbia me dice que le gustaría sacar la grabación de Río Turbio y ese fue el primer disco de La bestia. El siguiente fue de Budy Middler, una especie de ‘novela musical’ mezclado en una especie de sueño donde se encuentra con una creatura, probablemente del plano astral llamado ‘Dolmen’ (no se escucha bien*), y…hay que escuchar el disco. Este segundo trabajo lo hicimos con Claudio Gabis, que después partió a España, en su lugar entró mi hijo menor Iván. Con el hicimos un trabajo sobre seres mitológicos de la naturaleza (en este disco tuve la ayuda de Chizzo Napoli y Manuel Quieto –La Mancha-. Hicimos La vulgata, cambiamos de baterista (el australiano regresó a su tierra; Buddy, vivió diez años en Argentina, se casó con una quilmeña y tuvo dos quilmeñitos), en su lugar entró Martin Zucarelli (batería), grabamos en Del Cielito Records, un hermoso sitio en Castelar. Iván se fue a trabajar en los barcos –cruceros- entonces entra Daniel Oroño en la guitarra y Aleco Willis en batería. Esta fue la última formación que tuvimos y con la que grabamos en vivo en la presentación del teatro Roma que se llamó: ‘La luz que crea’. Un disco doble con diversos temas de antes y actuales. La producción fue de Vicky Soulé –mi hija menor- que también cantó e hizo la gráfica del disco doble.
Mis hijos son tremendos artistas, los admiro totalmente. Ellos no han tenido ni el aliento ni la suerte que tuve yo cuando arranqué a los 19 años, mi edad en la que ya trabajaba profesionalmente, a ellos les está costando mucho más pero, tienen una vocación indestructible.
‘La luz que crea’, fue nuestro último trabajo en vivo grabado en el teatro Roma; no quedó muchísimo material que está desbordando en el pupitre, esperando que esta pesadilla acabe y podamos volver a la sala de ensayos extraño tanto. Mi encanta estar con los músicos, ensayar, compartir la pizza o el asado, disfrutar y viajar; salir a la carretera con el grupo es una experiencia maravillosa.
EM: Puedo imaginar porque en profesiones como la tuya y la mía, que son plenas en libertad en ese recorrido de compartir y vivir.
RS: En el tiempo intermedio hicimos una película: “Peregrino, el cantar de Ricardo Soulé, dirigida por Néstor Correa, un cineasta argentino, un chico muy joven con gran valor y que, también fue el director de “Del palo” con Pajarito Zaguri (Alberto Ramón García), la película se llama: ‘Pajarito Zaguri, rey del rock and roll, una película muy profunda, sentida. Te cuento que a mí se me cayeron varias lágrimas recordando a Pajarito con quien tuve el honor y la suerte de una amistad. ¡Un tipazo!
EM: Es muy atractivo para la gente joven y para los de antes, las películas documentales sobre la historia del rock argentino. Recordando a Pajarito, yo también tuve el placer de conocerlo y tratarlo. No voy a olvidarme más cuando le presenté al Mono Villegas (Enrique Mono Villegas, músico argentino pianista de jazz). El Mono cuando vio tocar a Pajarito quedó enloquecido a tal punto que en una nota le preguntan: -¿Charly o Spinetta? Y el Mono respondió: Pajarito Zaguri.
Cuánto se extrañan aquellos músicos que hicieron huella como el Flaco Spinetta, en el caso tuyo Rubén Basoalto que ya no están.
RS: Y ya comienzan a ser muchos los que no están. Aunque siguen viviendo en sus canciones, en sus letras, en los discos, en las fotos y videos y en sus dichos. Los seres queridos son en nuestro corazón creaturas inmortales que nos van mostrando ese camino de ausencias que nos tocará a nosotros, tarde o temprano.
EM, esperemos que esta pesadilla termine pronto y se pueda ver: La bestia emplumada.
RS: Un placer saberte en las gateras.
Esta entrevista pertenece al ciclo “Hora Cero a puro rock” conducido por EM.
*Periodista especializado en música rock.



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