DUELO

15 de enero de 2017

HORACIO GUARANY: de gira celestial

(AGP).- Salió de gira el querido "Guara" uno de los más grandes artistas que ha dado el canto popular nacional. Tuve una gran relación con "El Potro", fueron innumerables los reportajes, pero también lo asistí en carácter de abogado. Aquí recuerdo una pequeña historia ocurrida en 2006 en la Comisaría Luján Primera, y que integra el libro "La Calle Historias de Movileros" Tomo I.

Tomando declaración a Horacio Guarany

 

A principios de 2006 Horacio Guarany –de quien durante un tiempo fui su apoderado-, tuvo un conflicto con una vecina. En realidad la discusión con la vecina la había tenido un amigo suyo, Sergio Strafella, todo término con la intervención de la policía y de la justicia.

El 1 de marzo de ese año es citado a prestar declaración testimonial en la causa, como su abogado-apoderado- lo acompañe hasta la Comisaría lº de Luján. Grande fue la recepción, el oficial a cargo de la dependencia policial nos dio la bienvenida, nos hizo pasar a el despacho del comisario, al mejor estilo policial nos encontramos con una bucólica decoración compuesta por viejos muebles de distintos estilos un TV de la época del mundial 86, y un viejo radio grabador que dejaba escuchar de fondo  las canciones de “El Potro”, rápidamente el oficial a cargo se puso cebar mate, se había creado  mucha expectativa por la presencia de Guarany en el lugar. Horacio es un tipo de pocas pulgas, el tiempo comenzó a correr y no aparecía nadie que le tomará declaración. Media hora después llegó un oficial que estaba a cargo del Destacamento Policial de La Cañada –en las afueras de Luján- y comenzó con el rito de la declaración, el tipo estaba peleado con la computadora, no embocaba las letras, se fue poniendo tan nervioso que yo lo mire fijo y le dije con tono alto “Parase oficial que yo escribo”, se paro y me dejo la computadora, le tome declaración a Guarany como correspondía y cuando llegó el momento de imprimirla no funcionaba la impresora. Horacio se paro y con tono imperativo le ordeno “Cuando te funcione la maquina, pasa por casa que te firmo la declaración”. Me tomo del brazo y me dijo “Vamos Edgardo, que a mi no me ni una mierda estar dentro de una comisaría”.

 

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