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26 de junio de 2016

CRIMEN DE UNICENTER: La insólita fuga del barrabrava K buscado por el doble crimen narco

(AGP).- Un peritaje vinculó el jueves a Marcelo Mallo con los asesinatos. Lo fueron a arrestar el viernes y ya no estaba. Detuvieron a un empresario y a dos barras.

Del éxito investigativo al papelón. En apenas 48 horas, las autoridades bonaerenses pasaron de congratularse por haber encontrado una de las armas usadas en el doble crimen narco de Unicenter a que se les escapara frente a sus narices el hombre al que le habían secuestrado esa arma: el puntero K y ex líder de la ONG “Hinchadas Unidas”, el barrabrava Marcelo Mallo.

Mallo, legítimo usuario de la Tanfoglio calibre 40 en cuestión, y su amigo Leandro Giso –dueño de la pistola, también prófugo– quedaron comprometidos luego de que una pericia balística determinara este jueves que el arma secuestrada en enero en la casa de Mallo –cuando se sospechaba que daba cobertura a los prófugos del triple crimen de la efedrina– era la misma que en julio de 2008 había sido usada en el garage del shopping de Martinez para matar a los narcos colombianos Héctor Edilson “Monoteto” Duque Ceballos y Jorge Alexander Quintero Gartner.

En principio, la captura de Mallo y Giso la pidió el juez de La Plata Cesar Melazo, argumentando que había sido en el marco de una investigación a su cargo –vinculada a la triple fuga– que la Tanfoglio había sido secuestrada en casa de Mallo, en Quilmes. Pero el mismo viernes, apenas unas horas después, a ese pedido se sumó otro idéntico de la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la causa Unicenter.

El resultado fue bochornoso. Ambos domicilios fueron copados por policías de la Bonaerense (enviados por Melazo) y de la Federal (enviados por Arroyo Salgado). Y lo único que lograron tantos agentes fue mirarse las caras. “Entre lunes y martes mi cliente se va a entregar a la Justicia”, le dijo ayer a Clarín José Novello, abogado de Mallo.

Pero si las capturas de los dos hombres ligados a la Tanfoglio fracasaron, no ocurrió lo mismo con un contingente de sospechosos cuya detención Arroyo Salgado se vio obligada a adelantar al hacerse pública la pericia que compromete a Mallo. La jueza federal de San Isidro ordenó el mismo viernes las capturas de cuatro hombres históricamente ligados con el caso Unicenter, pero que nunca habían pasado de “imputados” en el expediente. El más importante de ellos, el empresario Martín Magallanes, quien fue detenido en la casa de su ex mujer, en Escobar, y a quien se señala como “armador” de la logística de los crímenes.

Seguramente 2016 será un año que Magallanes no recordará con nostalgia. Con algo de suerte –y mucho del servicio de talentosos abogados–, “El Gordo” (único apodo que se le conoce) había logrado salir indemne en casos complicadísimos como el triple crimen de General Rodríguez, el de “la ruta de la efedrina” y el de la “mafia de los medicamentos”.

Pero en los últimos meses las cosas se le complicaron. Como dueño de la droguería UniFarma, el empresario farmacéutico fue llamado a indagatoria por el juez federal Sebastián Casanello en la causa de los medicamentos. Y el viernes a la noche se enteró de que la Policía estaba allanando la casa de su ex esposa justo cuando él se encontraba en el estudio de su abogado, Rodrigo González.

Magallanes decidió entregarse y partió de la zona de Tribunales a Escobar. Casi en paralelo, la Policía Federal logró detener a dos de los otros tres hombres que había marcado Arroyo Salgado: los barrabravas de Boca Jorge “El Zurdo” Moreira y el ex jefe de “La 12” Richard “El Uruguayo” Laluz Fernández (a quien no hubo que buscar mucho porque se encontraba en prisión domiciliaria por una causa de contrabando de drogas). Todos –más Hugo “El Pelado” Ovejero Olmedo, que permanece prófugo– están acusados de participar en los crímenes, como autores materiales o como proveedores de logística para sicarios colombianos.

Al contrario de Mallo y Giso –a los que nunca se relacionó con Unicenter hasta la pericia de la Tanfoglio de esta semana–, los nombres de Magallanes, Ovejero Olmedo, Moreira y Laluz Fernández siempre estuvieron en el expediente. Pero nunca se los había detenido.

Laluz Fernández es el más conocido de los “barras”, debido a su carrera en “La 12”, que terminó cuando fue baleado en la disco Cocodrilo y quedó en silla de ruedas.

Pero los otros dos tienen su historia. “El Zurdo” Moreira –quien nació y creció en un barrio pobre de Corrientes–, se vino para Buenos Aires y se hizo fuerte en la Villa Zavaleta (Barracas). Allí, dicen, hizo una pequeña fortuna con el monopolio de la distribución de carnes y lácteos de primera marca. Todo por derecha, se dice, con empresa propia y empleados en blanco.

Su íntimo amigo, Hugo “El Pelado” Ovejero Olmedo, mezcló durante un tiempo un negocio legal de venta mayorista de artículos de limpieza con una especialización en robo de joyerías. Por asaltar una estuvo un tiempo preso en España, pero cumplió pena allí a fines de año, decidió volver a la Argentina y puso un lavadero de autos. Hoy comparte el rótulo de “prófugo” con Mallo –histórico puntero de Aníbal Fernández– y Giso.

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