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URUGUAY

19 de marzo de 2012

Dos enfermeros presos por la muerte de 60 pacientes

Trabajan en cuidados intensivos de dos hospitales de Montevideo. Dijeron que lo hicieron por “razones humanitarias”. Pero la mayoría de los enfermos no eran terminales ni sus familias estaban al tanto. Confesaron que les inyectaban morfina y aire.

Uruguay se conmovió ayer con la noticia de que dos enfermeros, que trabajan en dos de los más importantes hospitales de Montevideo, fueron detenidos en las últimas horas por provocar la muerte de al menos 60 personas –que estaban internadas en estado grave, pero la mayoría no pacientes terminales– sin el consentimiento de sus familias.

Los implicados, que reconocieron en una primera declaración ante la Justicia que en los últimos dos años y con diferente métodos le provocaron la muerte a decenas de personas “por razones humanitarias”, apenas se conocían y realizaban estas prácticas de forma independiente, aunque en las declaraciones ante el juez Rolando Vomero dijeron que sospechaban uno del otro, pero no sabían de qué forma, cómo ni cuándo cada uno mataba a sus víctimas.

Los enfermeros fueron detenidos en el marco de la denominada “Operación Angeles”, que llevó adelante un equipo de investigadores del Departamento de Vigilancia de la Dirección de Crimen Organizado y comenzó hace dos meses a partir de una denuncia anónima. También está procesada una enfermera por encubrimiento.

Los investigadores especulan que podrían ser muchas más las muertes provocadas entre ambos trabajadores de la salud. La Policía y la Justicia, suponen que uno de los móviles es que los pacientes requerían mucha atención.

Los enfermeros acusados de realizar estas prácticas, de 39 y 46 años y ambos con extensa trayectoria en la actividad, desempeñaban sus funciones en el Centro de Tratamiento Intensivo (CTI) del hospital público Maciel, ubicado en la Ciudad Vieja, y de la Asociación Española de Socorros Mutuos, una de las mutuales de mayor renombre de la capital uruguaya, donde en el área de oncología desempeña funciones el ex presidente Tabaré Vázquez.

Oficialmente hubo un total hermetismo. En el hospital Maciel uno de los médicos contó a Clarín que “los pacientes se volvieron locos cuando se enteraron de las noticias” y que el jefe de la unidad de cuidados intensivos se presentó para tranquilizarlos. “Es imposible trasladar a los pacientes que están internados ahí porque corren riesgo de vida. Sólo pudieron explicarles que están investigando qué pasó”, agregó. Entre los empleados, el caso provocó enorme sorpresa. “Los compañeros nunca sospecharon nada”, señaló la presidenta de la Federación de Funcionarios de Salud Pública, Beatriz Fajián.

Ante el juez, los imputados declararon que les inyectaron aire a sus pacientes, y que también utilizaron morfina, una droga que puede tener consecuencias en el sistema nervioso y en el respiratorio (ver Los efectos en el cuerpo ).

La abogada del imputado que trabaja en el sanatorio privado, Inés Massiotti, dijo que su cliente actuó “por piedad”. “Después de 20 años de trabajar en cuidados intensivos, con estrés y en contacto con la muerte, no pudo soportarlo más. De la pericia psicológica surgirá que tiene un trastorno de personalidad que lo afectó en su trabajo”, agregó, y deslizó que fue víctima de un abuso sexual. Al cierre de esta edición, el juez los procesó por homicidio especialmente agravado: a uno le imputó ya 5 homicidios y al otro, 11. El Ministerio de Salud sólo emitió, a media tarde un comunicado en el que informó que está “ colaborando con la investigación policial y judicial”.

De acuerdo a la nota publicada por El País, medio que ayer difundió la noticia que en un domingo sin fútbol acaparó la atención de todos los uruguayos, los efectivos del Departamento de Vigilancia de la Dirección de Crimen Organizado reunieron al principio pocos indicios, que en primera instancia los desconcertaron y sorprendieron ya que se trataban de muertes no violentas, que se desarrollaban paralelamente y con cierta asiduidad en dos centros hospitalarios, sin ninguna conexión entre sí, y con métodos diversos. Pero hubo enseguida una segunda denuncia anónima que los llevó a reorientar y a afianzar la investigación. De todas formas, debido a la complejidad del caso, se solicitó la colaboración de las directivas de ambas instituciones involucradas.

Así, en coordinación con el magistrado, la Española y el Maciel abrieron sus historias clínicas para que se pudieran analizar en forma exhaustiva. A partir del estudio de estos documentos, los investigadores cruzaron datos con asesoramiento médico y se enfocaron en el personal de salud que trabajaba en los sectores involucrados. Empezaron advertir que en todos los casos se trataba de pacientes internados en el CTI, por lo que se cruzaron las fechas y horas de sus muertes y las del personal. Una vez que pudieron definir quiénes eran los responsables, comenzaron a seguir sus movimientos. Así, con una importante cantidad de pruebas, se llegó a la detención. Este cúmulo de indicios resultó determinante para que ambos reconocieran su responsabilidad.

“Al principio los dos, por separado, negaban o daban distintos tipos de excusas. Pero cuando fuimos poniéndolos ante los indicios que teníamos, terminaron derrumbándose y confesando”, contó al matutino uruguayo uno de los investigadores del caso. Uno de los enfermeros aceptó haber matado a alrededor de 50 personas; el otro habló de un número similar, pero dijo haber perdido la cuenta, por eso la Justicia está hablando en estas horas de al menos 60 asesinatos, aunque se presume que, con el correr de los días y con nuevas confirmaciones, esta cifra podría aumentar considerablemente.

Fuente: Clarín

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