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INTERNACIONALES

12 de marzo de 2012

Homenajes, dolor y reclamos en los pueblos arrasados

Japón, a un año del tsunami. En todo el país se recordó a las casi 20.000 víctimas. En los sitios más dañados piden casas y escuelas.

La alarma contra tsunamis suena inquietante a las 14.46 horas en Rikuzentakata. Algunos aprietan fuerte los ojos en un gesto de dolor, otros dejan correr una lágrima, la mayoría sencillamente mira al frente y a duras penas pestañea, recordando en su interior que ese fue el sonido que precedió a la pesadilla. Ayer a esa hora se cumplió exactamente un año desde que un terremoto de 9 grados en la escala de Richter provocó un tsunami de proporciones bíblicas que arrasó centenares de kilómetros cuadrados en la costa noreste de Japón, dejando casi 20.000 muertos, 315.000 personas desplazadas y en Fujushima el peor desastre nuclear en 25 años.

Gente de todo Japón rezó sus plegarias en el memorial de Rikuzentakata, un pueblo costero enclavado entre montañas que, un día no muy lejano, se asentaba sobre un idílico valle. Aquí murieron 1.000 personas y desaparecieron casi el 100% de las casas. Hoy este valle más se parece a un enorme solar vacío donde sólo el esqueleto de los edificios más robustos permanece en pie.

Junto a ellos asoma un pino solitario en la orilla. Antes del tsunami había 70.000. Hoy este árbol es uno de los mayores sÌmbolos de la catástrofe, una especie de amuleto mágico que invita a los japoneses a resistir la adversidad y trabajar por reconstruir el futuro.

No va a ser fácil, sin embargo, cicatrizar las heridas. Decenas de pueblos a lo largo de la costa presentan la misma imagen que Rikuzentakata: el vacío tota l. Miles de excavadoras trabajan a todas horas retirando escombros, pero un año después la imagen sigue siendo desoladora. Por eso muchos afectados comienzan a exigir ya viviendas dignas y escuelas para sus hijos.

“El tsunami nos lo ha quitado todo. Es horrible que todavía hoy este pueblo y otros tantos sigan arrasados. La gente vive en condiciones muy precarias, vamos a necesitar muchos años para recuperar algo de normalidad”, se queja con amargura Yonezawa Shingo, quien aún trata de recuperar su negocio de recolección de ostras.

Los japoneses se hicieron célebres un año atrás por su civismo y su extrema calma incluso en medio de una tragedia histórica. Apenas dejaron aflorar los sentimientos. Ayer, sin embargo, muchos relajaron sus ataduras para dar voz a los cientos de héroes que fallecieron por querer salvar a sus vecinos. El marido de Magai Kiro es uno de ellos: “Nos sacó de casa y nos puso a salvo a mí y a mi madre y regresó hacia la ola para intentar llevar a más gente a un lugar seguro. Esa fue la última vez que lo vimos con vida”, recuerda emocionada a este diario. En su mano derecha, Magai porta un crisantemo blanco, una flor que simboliza la muerte en Japón. Como tantos otros, la depositará en el suelo para honrar a su marido fallecido.

“Deseo que todo el pueblo japonés esté junto a las víctimas del tsunami”, expresó el emperador de Japón, Akihito, en un discurso leído ante 1.200 personas en el Teatro Nacional de Tokio, el principal de los actos en todo el país. En tanto, decenas de miles de personas manifestaban en la prefectura de Fukushima para exigir el abandono de la energía nuclear.

Se calcula que se perdieron más de 500.000 millones de dólares en inmuebles, infraestructuras e industrias, si bien muchos economistas creen imposible elaborar una estimación exacta. Eso sin contar con el tremendo golpe a las economías privadas, en especial la de los pescadores, cuya industria continúa paralizada. A finales de marzo, cerca de 71.000 evacuados verán cómo se les termina el subsidio extraordinario de desempleo asignado por el Gobierno a los afectados, según datos del Ministerio de Salud y Trabajo.

Sin hogar y sin medios para subsistir, el auténtico drama para muchas familias japonesas no termina un año después del tsunami, sino justo empieza.

 

Fuente: Clarín

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