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DEPORTES

5 de febrero de 2012

Palermo tuvo su merecido homenaje

En La Bombonera, unos 50 mil hinchas despidieron del fútbol al máximo artillero de Boca, que se dio el gusto de convertir otro gol y jugar junto a su hijo. Dijeron presente Tevez, Bianchi, Guillermo y Del Potro, entre otras estrellas.

La historia dirá que febrero de 2012 apenas comenzaba. Que el Torneo Clausura de aquel año todavía no había empezado. Y que todavía faltaba mucho para que Boca debutara en la Copa Libertadores. Pero la Bombonera, ese mítico estadio que supo latir a la par de miles de corazones azules y amarillos, estuvo llena para despedir a uno de sus máximos ídolos, en una tarde que mezcló la nostalgia con la pasión. Es que si el gol es la máxima alegría del fútbol, no habrá otro jugador en la historia de Boca que haya hecho más felices a los hinchas que Martín Palermo. Ese que se cansó de sumar capítulos en su vida. Ese delantero de los goles posibles y también de los imposibles. Al cabo: ese que fue más allá de cualquier camiseta, y se ganó el cariño de todos.

Ya no hacen falta tachar más números en banderas. El único número que prevalecerá es el nueve, ese que supo llevar Palermo en su espalda a lo largo de los años. Poco después de las 20.30, veintidós jugadores entraron a la cancha, pero todas las miradas estuvieron posadas en uno sólo, en él. "Esperemos que no se nos pianten muchas lágrimas. Estoy ansioso por volver a ver la Bombonera repleta. La sensación de caminar por el túnel, escuchar a la gente... Es todo lo que vivía como jugador y va a ser muy fuerte volver a vivirlo", fueron las palabras del Titán poco antes de saltar por última vez a la cancha de Boca.

La noche invitaba a los deja vu. Ni siquiera habían pasado sesenta segundos cuando Guillermo Barros Schelotto, su rival que con el paso de los años se transformó en su amigo, le dio el primer centro de la noche, ante la atenta mirada de las más de 50 mil personas (incluída la barrabrava de Boca) que coparon a la Bombonera. "Aplaudan/Aplaudan/No dejen de aplaudir/Los goles de Palermo que ya están por venir", era el grito que bajaba desde los cuatro costados ("Siempre la voy a recordar. Nunca me voy a olvidar de esa canción. Era mi fuente de confianza. El gol fue mi vida", se emocionó Palermo). Y así fue, como no podía ser de otra manera: el reloj marcaba los 23 minutos, y Gustavo Barros Schelotto tiró el centro para que Palermo definiera de zurda ante la mirada de Carlos Bossio. Un rato antes, el Titán se había mandado una de las suyas, cuando había eludido al ex arquero de Lanús, pero con el arco libre definió afuera. Poco importó. "Amigos de Martín" de un lado, "El equipo de Martín" del otro. Las camistas tampoco importaban. Es más: el ídolo hasta se dio el gusto de ponerse los guantes de arquero y pararse frente a Ryduan, su hijo, para intentar atajarle un penal cobrado por Héctor Baldassi. Casi como si fuera un skecth humorístico, el ídolo se dio el gusto de enseñarle a su hijo cómo patear un penal en la Bombonera, casi como si estuvieran en una plaza cerca de su casa. ¿El resultado del partido? 3-2 para los "Amigos de Palermo", con goles de Esteban Fuertes (2), Cristian Chávez, Martín Palermo y Ryduan Palermo. Sin embargo, la historia dirá que aquí, en la Bombonera, a muchos hinchas de Boca se les puso la piel de gallina. No es para menos. Palermo todo lo puede.

Mientras la noche se consumía y la gente gritaba "Palermo no se va", una bandera continuaba flamenado, como para permanecer en la historia: "Extrañarte siempre, olvidarte jamás".

Fuente: Clarín /AGP

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