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  8 de mayo de 2011
Hermes Binner: "Si fuera porteño, votaría por Pino Solanas"
Como a Scioli, cuesta arrancarle definiciones. Pero en el caso del gobernador de Santa Fe no es porque le falten. Quizá por eso las confiesa.

—Que Pino Solanas y Macri hayan decidido ser candidatos a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ¿le permite definir su estrategia electoral nacional?

 

—La preocupación nuestra es que el 22 tenemos elecciones internas primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Por supuesto que nunca intentaríamos buscar una reelección del Gobierno porque me parece que éticamente no corresponde. Sí lo que creemos que se puede reelegir es el proyecto, y la figura de Antonio Bonfatti es realmente importante por la comprensión del proyecto y por el grado de involucramiento que ha tenido en todo su desarrollo. Hace muy poco tiempo estábamos acompañando a Rubén Giustiniani para su elección como senador. Ahora lo hacemos con Antonio Bonfatti porque entendemos que es una persona que está muy vinculada al hecho ejecutivo, como así lo ha demostrado Giustiniani en su labor legislativa. Fue varias veces electo como el mejor senador, el que más trabajo.

—¿Cuándo va a decidir anunciar si mantiene a nivel nacional la alianza con la UCR o si arma un esquema con Juez, el GEN y Pino Solanas?

—El 22 de mayo son las primarias y allí creo que hay una situación muy diferente con uno u otro resultado.

—¿No piensa anunciarlo antes de esa fecha?

—No, porque es mucho lo que se pone en juego en Santa Fe, y vamos a trabajar plenamente para que podamos darle continuidad al programa que hemos desarrollado en estos cuatro años.

—El radicalismo promueve una reunión para la semana próxima en Santa Fe para que el socialismo se decida anticipadamente. ¿Qué piensa hacer en esa reunión?

—Voy a participar, pero mi posición es que no es caprichoso que estén diferenciadas la provincia con la nación porque cada proceso electoral obedece a constituciones diferentes.

—Analicemos las dos alternativas, entonces. ¿Cambiaría su decisión si gana o no su candidato?

—Si gana esa propuesta, quiere decir que hubo una visualización de los cambios que se dieron en Santa Fe. Pero si este programa, que tiene muestras claras de un cambio en la provincia de Santa Fe, no es considerado por la población, mi participación queda absolutamente devaluada.

—Si no triunfase en la interna la persona que usted apoya, ¿considera que su figura quedaría devaluada?

—Totalmente.

—¿Al punto de que no haya una proyección nacional de su figura?

—Totalmente, porque si el programa no hemos logrado nosotros traducirlo a la población, que hoy se ha bajado la mortalidad infantil en un dígito, que hay un veinticinco por ciento más de matrícula escolar, que tenemos un programa pedagógico que se está realizando con la participación de los docentes y los alumnos de magisterio, que hemos logrado los comités mixtos de higiene y salud en el trabajo, que hemos logrado un cambio en la Justicia verdaderamente copernicano… Si todo eso no logramos explicarlo a la población, creo que nuestra posición queda absolutamente devaluada ante la lógica electoral nacional.

—¿No está siendo demasiado severo con usted mismo?

—No, soy exactamente lo que he pensado toda la vida. Estoy convencido de que las cosas son así.

—¿Se iría a su casa?

—No, para nada. En algún lugar me voy a meter.

—Pero, inicialmente, no podría ocupar un puesto ejecutivo ni legislativo porque ya las candidaturas están encaminadas.

—No me preocupa eso.

—¿No sentiría que priva a la Argentina de un dirigente público exitoso?

—No, para nada. Puedo contribuir con el país. Tengo mucha más historia en lo público que en lo privado. Y todos mis cargos han sido electivos, así que no le temo a esta situación. La conozco y creo que corresponde proceder de esta forma.

—¿Los santafesinos tienen así de claro cuál sería su decisión si pierde en las internas?

—Así lo he planteado, por lo menos en los cargos máximos. Lo he dicho en repetidas oportunidades. Hoy Santa Fe es una provincia diferente no por una persona, sino por un grupo numeroso de gente que viene integrando un gabinete, que es el mismo desde el primer día de gobierno. Cada una de las reuniones de Gabinete, todos los lunes al mediodía, son un lugar de aprendizaje de todos. Hay una verdadera interdisciplina, opinan todos sobre lo que estamos haciendo.

—¿Puede ser que los ciudadanos de Santa Fe perciban que también continuaría el proyecto con el otro candidato de su partido, y no que usted queda devaluado?

—Es probable. Cuando escucho o leo los reportajes, son propuestas diferentes. Hay una visión diferente, lo cual es aceptable, ¿no?

—¿Cuáles son esas diferencias dentro del socialismo?

—En la educación, por ejemplo; en la salud, en la producción, en la seguridad.

—Es probable que los santafesinos crean que exagera.

—Sí, pero nosotros entendemos que es comenzar de nuevo. Como si usted llega a cuarto grado y le dicen que hay que volver a primero porque estos cuatro años no han servido.

—Giustiniani dice que aunque no gane usted la interna, igual debería ser candidato nacional. ¿Lo hace para que no pese sobre los votantes su amenaza de retiro?

—No creo que sea ese el motivo. Nuestra posición está muy clara y en mi vida conozco los límites. Siempre he actuado de la misma forma. Pero no quiero hacer de esto un hecho tremendista; simplemente estoy explicando lo que yo pienso hacer ante las dos eventualidades que usted me pregunta. Esto no cambia el mundo, es una razón ética en la cual yo creo, y por lo tanto voy a trabajar en ese sentido.

—¿Realmente cree que si gana Giustiniani es porque los santafesinos no valoran lo que usted hizo?

—Creo que no hemos sabido traducirlo. Esto Guillermo O’Donnell lo dice con mucha claridad: lo que nosotros necesitamos son traductores, que la gente entienda el lenguaje.

—¿Está más satisfecho con su capacidad de ejecutor que de traductor?

—No. Las dos cosas las hemos hecho con un solo saber y entender. La perfección está lejos de nosotros. Lo tomo con mucha preocupación, con mucho entusiasmo, y esto redunda en indicadores reales muy buenos de nuestra provincia. Hay otras cosas que hay que superar y mejorar, pero también sabemos por dónde comenzar.

—Si el Partido Socialista le pidiera que, a pesar de que su candidato no haya ganado, igual lo represente en la fórmula con el partido con el que ya tienen una alianza en la provincia de Santa Fe, ¿aun así no aceptaría?

—En principio le diría que no, pero no quiero crear una situación tremendista con esto. Simplemente quiero decirle con absoluta claridad qué es lo que yo considero que es éticamente correcto. Pero le sacaría toda connotación dramática.

—La percepción a nivel nacional es distinta a la que usted hace sobre Santa Fe. No parecería lógica su autoexclusión.

—Hay muchos candidatos que pueden representar al socialismo, y los podemos apoyar. El mismo Giustiniani puede ser.

—Pero no podría ser candidato a gobernador.

—Claro.

—¿Es cierto que le ha dicho a Alfonsín que si no iba con él, no sería candidato?

—No, no es verdad.

—¿Se imagina a Alfonsín diciendo, como le atribuyen, que el socialismo y el radicalismo van a ir juntos a nivel nacional porque, si no hubiera un acuerdo nacional, el radicalismo podría amenazar con no apoyar al socialismo en Santa Fe, poniendo en riesgo la propia gobernación de la provincia?

—No, no creo que sea así.

—No ve a los radicales...

—No... En general, cuando se constituyen frentes y hay ideas claras y hay propuestas coherentes, siempre hay acuerdos. Nosotros con el radicalismo hace muchos años que venimos trabajando con situaciones diferentes, porque en otro momento no había posibilidad de llegar a la gobernación, y ahora sí. Estamos gobernando como frente, y hay ministros que son de la UCR.

—¿Por qué entonces se ha creado la idea de que usted podría ser candidato no con el radicalismo, sino con Pino Solanas, Juez, el GEN?

—Es la intención de sumar a toda la gente que tiene interés en un cambio real. Estamos ante partidos que, como todos los partidos, incluido el socialismo, están muy debilitados. Entonces, hay propuestas que no son coincidentes en todos los partidos. Es una realidad. Por ejemplo, lo que son los radicales gobernadores: son todos oficialistas. Tal vez alguno no, pero en general hay una propuesta que luego termina volviendo al seno materno, y participando de otro nuevo partido como si nada hubiese pasado.

—¿Su ideal es sumar al socialismo y el radicalismo, a Proyecto Sur, Juez y el GEN?

—Es que hay que construir algo nuevo, porque si repetimos lo viejo va a salir algo viejo. Hoy la Argentina necesita propuestas innovadoras. El mundo ha cambiado, no puede ser que la Argentina no cambie. No puede ser que estemos viviendo exclusivamente de una bonanza económica que en algún momento se va a terminar.

—Analicemos ahora si usted ganara la interna de su provincia, ¿tendría aspiraciones presidenciales? Y en ese caso, ¿iría por fuera del radicalismo con Proyecto Sur, Juez y el GEN? O, con o sin ellos, ¿iría a una interna contra Alfonsín en las primarias obligatorias de agosto?

—En ese caso podríamos conversar, por supuesto. Pero nuestra preocupación a nivel nacional es tener un programa de lo que queremos hacer y que la gente lo conozca. Este es un punto muy importante para devolver la credibilidad en las propuestas políticas.

—¿Cómo va con el radicalismo la posibilidad de acordar un programa?

—Está avanzando. Hay gente de Ricardo Alfonsín y de Margarita (Stolbizer) que está participando activamente en el programa.

—¿No ve inconvenientes en consensuar el programa?

—No, no, podemos trabajar, pero no para estar en un… Depende del resultado para…

—Supongamos que ganó su interna y hay programa acordado, ¿cómo sigue?

—Vamos a trabajar con el proyecto, con mucho más entusiasmo y con mucha más alineación.

—¿Proyecto de ser presidente o vice?

—Eso es lo de menos. No creo que sea lo más importante para charlar ahora. Lo más importante es tener un programa de lo que queremos hacer, sin lo cual repetiríamos el fracaso de la Alianza. No nos gustaría eso.

—¿Si gran parte de las fuerzas progresistas se uniera tras un programa, sería posible ganarle al oficialismo?

—Tiene que haber un programa común, saber que van a triunfar. También es cierto que hay muchos sectores que se consideran progresistas que no están formando parte del Frente Progresista de Santa Fe. Podrían hacerlo a nivel nacional, incorporarse a un proceso de esta naturaleza. Esta forma de construir es muy dificultosa porque nosotros tenemos muy acendrado el concepto de la disidencia: en qué me puedo diferenciar del otro para dejar de compartir; o viene conmigo y piensa tal cual pienso yo, o no hay frente.

—Santa Fe es una demostración de las posibilidades de coordinar un programa entre el socialismo y el radicalismo. ¿Ve las mismas posibilidades con Proyecto Sur?

—No sé cuál será el objetivo de Proyecto Sur. Hemos hablado poco con Pino en una oportunidad. Es necesario conocer más, acordar.

—¿Es Binner quien terminará definiendo si la gran mayoría de la centroizquierda irá junta o no? Porque si termina siendo un candidato competidor del radicalismo, detrás de él se podrían aliar Proyecto Sur, Juez y el GEN.

—No me considero en ese lugar. Aquí hay un modelo de país que está funcionando con todo lo bueno y todo lo malo, y hay un modelo que hay que construir. Y ese modelo no se construye sin estudio, sin proyecto, sin ponerse de acuerdo.

—¿La alianza natural a nivel nacional es con la UCR?

—La alianza natural es con el radicalismo. Pero tiene sus peros. Usted sabe que el radicalismo no es homogéneo, como no hay homogeneidad en los partidos políticos por lo general. Entonces, hay un grado de acercamiento hacia algunas personas, y no todo un acercamiento hacia otras.

—¿Al bajarse Sanz y Cobos, la actual conducción es más homogénea?

—Tengo diálogo con Ricardo, con quien nos hemos encontrado el otro día en la Feria del Libro, por ejemplo. No más que eso. Ahora, si hay una decisión, por ejemplo, de la Unión Cívica Radical de que lo importante es la suma para poder ganar, a nosotros no nos parece que ese sea el cambio.

—¿Le disgustaría que el radicalismo acuerde con De Narváez en la provincia de Buenos Aires?

—Es una decisión de la Unión Cívica Radical. Nosotros no participaríamos de eso. No porque le quitemos valor a De Narváez, sino porque me parece que vivimos en democracia y hay una situación variopinta de partidarios y todo el mundo tiene derecho de estar en el lugar que más le atrae, que más representa al sector social, como es el socialismo, como es el radicalismo, como es el justicialismo.

—Y si Alfonsín hace un acuerdo con De Narváez, y ustedes no acompañan al radicalismo a nivel nacional, ¿es posible que se terminen concentrando alrededor suyo todas las fuerzas progresistas y que la Argentina tenga el primer presidente socialista?

—Creo que hay una gran debilidad si no participa la Unión Cívica Radical porque, de cara al futuro, alrededor de la suma va lo más importante.

—¿Con De Narváez hipotecarían el futuro?

—Yo creo que sí, porque estamos… No sé si hipotecar es la palabra, porque estamos comprometiendo el próximo tramo electoral, más allá del resultado. Y creo que realmente no corresponde a lo que nosotros pensamos que debe ser un frente en la Argentina.

—¿Se puede ganar una elección nacional en la Argentina sin una pata peronista?

—Tenemos muchos justicialistas trabajando en el programa. Si algo nos caracteriza, es que no somos gorilas. Es gente muy valiosa, muy trabajadora, que está en lugares clave a nivel provincial.

—El Conurbano bonaerense, en los últimos sesenta años, pasó de ser el 3% del total de la población del país al 30%. Allí el peronismo hace diferencias gigantescas frente a cualquier otro partido. ¿Resulta posible ganar la presidencia sin un candidato filo peronista en el Conurbano?

—Nosotros hoy no estamos pensando en las próximas elecciones, estamos pensando en las próximas generaciones, como dice Ricardo Lagos. Si nosotros enfocamos las elecciones de este año como el desiderátum, vamos a transitar un camino de mucha incertidumbre.

—¿Qué edad tiene, Hermes?

—Tengo 67.

—A pesar de eso, está pensando en un proyecto de largo plazo como el Frente Amplio, o el PT en Brasil.

—Fíjese que el PT acuerda con el MDB, de Sarney, que es, para darle un ejemplo, como la Unión Cívica Radical argentina. Creo que hay que ver esas cosas en sus tiempos. Se puede llegar o no llegar, pero nosotros no tenemos que perder de vista por dónde pasa el camino que creemos correcto.

—¿El socialismo no quiere “hipotecar” su proyecto de largo plazo, a cambio de más votos en el corto plazo?

—Por lo menos empezar algo alguna vez, ¿no? Más allá del resultado. Fíjese que hemos logrado a nivel provincial un aporte muy importante de Urb-Al. Nos ha dado tres millones de euros para llevar adelante el plan estratégico en Santa Fe, que es un plan a veinte años que fue debatido por once mil santafesinos en asambleas ciudadanas en toda la provincia. Cuando vemos en los balances anuales que se van concretando las metas planteadas en el plan estratégico, nos está dando la pauta de que en ese camino se pueden ir logrando mejoras reales en la vida de la gente.

—Vuelvo a De Narváez. Ideológicamente, él no es muy distinto a Sarney o Frei en la Concertación de Chile.

—Puede ser. Pero en la construcción se necesitan valores más abarcativos, que tienen que ver con tratar de comprender el todo. Después, vamos a las partes. Pero hay una tarea esencial en el funcionamiento de las coaliciones, que es un marco general que las comprende.

—¿No ve a De Narváez como una persona pragmática que aceptaría sumarse al plan del socialismo?

—Sí, puede ser. Pero también es una persona que puede influir muchísimo dentro del Frente.

—¿Negativamente?

—No sé si negativamente. Pero creo que lo que nosotros necesitamos es que haya un nivel de diálogo y de comprensión, y que bueno, nos pongamos ropa de trabajo.

—A ver si lo entiendo. ¿De Narváez puede tener una ideología similar a la de Frei o Sarney, por ejemplo, pero tiene otra imagen?

—Yo creo que sí tienen una ideología distinta, vienen de prácticas absolutamente diferentes. Sarney es una persona que viene de una práctica política activa. No es la situación de De Narváez, lo cual no lo invalida. No tuvo corredores de autos, no tuvo cantantes, no tiene deportistas…

—Sarney en Brasil es de derecha. Pero De Narváez no tiene un origen político.

—No quisiera encasillarlo como si es político o no es político, porque en definitiva, De Narváez también es político y hace política. Yo creo que hay toda una experiencia de vida vinculada al hacer, que, verdaderamente, es un error. Tiene una lógica comprensible, que es su proceso económico y su riqueza bien habida. Evidentemente, en la mesa del debate, las cuestiones trascendentes, integradoras, de una coalición… Me parece que no sería gerenciable tenerlo a él.

—En ese Conurbano que representa 30% de los votos de todo el país , ¿podría Margarita Stolbizer hacer un papel lo suficientemente bueno para que el frente progresista triunfe a nivel nacional?

—Margarita es una persona muy conocida, muy activa, muy capaz. De allí a ganar una elección, es otra cosa. Pero también tenemos que ver que nosotros estamos ante una situación muy complicada derivada del Pacto de Olivos, porque por la forma de elegir, se ha debilitado la presencia del interior y se ha debilitado nuevamente la presencia de minorías.

—Ahora hay ballottage.

—Sí, eso es verdad, pero quiero decirle que el peso que tiene hoy Buenos Aires, siendo distrito único, es altamente negativo para construir un país federal. Si no se está en Buenos Aires y no se tiene la incidencia en el Conurbano, se hace muy difí

—¿Es mejor perder con coherencia que ganar con incoherencia?

—No, yo no digo que hay que perder con coherencia. Yo creo que la construcción tiene que ver con valores. Si el valor es solamente la búsqueda de un resultado, toda la gente que participa para sumar a ese resultado pasa facturas. Y allí es donde el inicio de una gestión…

—¿Queda condicionada?

—Condicionada y debilitadas. Si usted dice: “Ahora hay que repartir ministerios”, y ese ministro hace lo que él cree conveniente, todo lo que pudo programar para el ministerio tal, y que tuvo que concederlo, porque ésta es la forma de acordar para ganar una elección… Ese ministro no está dentro de un equipo, es disarmónico.

—Puso el ejemplo de Brasil, pero allí los acuerdos llevan a que los ministerios sean de distintos partidos.

—Son de distintos partidos, hay muchos, no algunos. Y tienen la particularidad también de trabajar por equipos parlamentarios, lo cual es una decisión allí donde las mayorías del parlamento también tienen que ver con la gobernabilidad.

—¿Por qué Reutemann se excluyó de la posibilidad de competir a nivel nacional.

—La verdad, no sé.

—¿Y a nivel provincial?

—Ya fue dos veces gobernador; me imagino que no tendrá interés de estar nuevamente en ese lugar.

—¿Cómo queda la candidatura de Del Sel en Santa Fe, a partir de que Macri se baja a nivel nacional? ¿Va a continuar con la candidatura?

—Me parece que sí.

—En la Ciudad de Buenos Aires va a haber ballottage porque hay que tener más del 50%. ¿Imagina al kirchnerismo o a Proyecto Sur pasando a la segunda vuelta?

—La verdad es que no lo he pensado.

—Si usted fuera porteño, ¿votaría por quién?

—Si fuera porteño, hoy votaría por Pino.

—¿Imagina a Carrió también sumándose a lo que usted trata de construir?

—Hace muchísimo que no hablo con ella, pero siempre hay un espacio para conversar sobre los temas fundamentales del país.

—¿Es mejor que la oposición tenga menos candidatos o, como dice Carrió, si, quedara la candidatura de Alfonsín solo, Cristina ganaría en primera vuelta?

—Primero hay que ver este ballottage amañado que tenemos nosotros, que es un invento también, del 45 o del 50. Y después tenemos el 40, si el segundo llega a 30, también va derecho. Esto algún día habrá que plantearlo. Pero debe ser como la ley manda.

—Con la actual Ley Electoral, ¿usted cree que la oposición tendría más posibilidades de triunfar con varios candidatos o con uno solo?

—Nosotros creemos que el espacio para el tercer partido es difícil. El ejemplo de Uruguay, a nosotros no nos ayuda, porque ellos sí lograron un tercer partido, que es el del Frente Amplio. Nosotros, realmente…

—¿Sería mejor algo como la Concertación en Chile?

—Sí. Creo que no hay espacio acá para que una tercera propuesta tenga la fuerza que puede tener con el radicalismo. Si todo vale en función de lograr un resultado, esa es una mentira corta.

—¿La colectora le gusta?

—Poco. Tiene que haber una propuesta clara. Para eso están las primarias, que tienen un gran rol. Yo era diputado cuando votamos en contra de la derogación de las primarias. El primer año se suspendieron; en el segundo, se derogaron; ahora se incluyeron diferentes, pero se incluyeron. Nosotros creemos que es el momento, y hay que dar una propuesta mucho más directa a la población.

—¿Aceptaría diferentes alianzas para cada zona? El radicalismo tuvo con el socialismo en Santa Fe un frente que no tuvo en el resto del país con Lavagna como candidato presidencial. Si, como plantea Alfonsín, fuera distrito por distrito, ¿aceptaría en la provincia de Buenos Aires a De Narváez si éste no pidiera nada a nivel nacional? ¿O que fueran Stolbizer y De Narváez de candidatos a gobernador con el mismo candidato a presidente?

—Sería una colectora.

—Exactamente. ¿Tampoco eso le parece posible?

—Me parece hasta las primarias.

—¿No se vaciarían de sentido las primarias si de antemano ya se supiera que Cristina será la candidata por el peronismo y Alfonsín, después de llegar a un acuerdo con el socialismo, por el partido radical?

—Nosotros ya vivimos eso. En general, hay menos interés para ir a votar de parte de la población, pero no deja de ser un mecanismo democrático.

—¿No teme que se las utilice como una encuesta? ¿Que el partido con más posibilidad de movilizar diga: “Fue tanta gente a votar por el partido peronista y mucha menos a votar por otro partido; esto es un indicador de lo que va a ser la elección a nivel nacional”, y que termine siendo una herramienta que potencie al candidato oficialista?

—Si ha ganado en buena ley… En las internas, cuando fui candidato a gobernador por el Frente Progresista, fui yo solo, por lo cual hubo menos interés, y sacamos en las generales el 10% más de lo votos que en las primarias, a pesar de que las dos eran obligatorias.

—Si los candidatos fueran Cristina Kirchner y Alfonsín y, en las primarias, por Cristina Kirchner fuera a votar el 60% de las personas y por Alfonsín el 40%, ¿eso no crearía un clima de anticipación?

—Por supuesto, pero no nos parece ético lo que hizo Menem en su momento, cuando ganó Néstor por primera vez.La democracia es así: hay reglas y hay que aceptarlas.

—¿Qué posibilidades de triunfo tiene la oposición en las próximas elecciones?

—Siendo un distrito único, como es, creo que se limitan las posibilidades, pero existen.

—¿No son remotas?

—Para nada.

—¿Cómo imagina que debería ser ese Frente Progresista ideal para que estas posibilidades se maximizaran?

—En Santa Fe, hemos convocado y se han sumado nuevos partidos. Siempre está abierto para que se sumen. Hay partidos que son desprendimientos de otros, o se han creado nuevos partidos y están hoy en nuestro Frente Progresista. Es el caso de Pares, de SI; en fin, la Coalición Cívica también participa. Hay una mesa donde se proyectan actividades, donde hacemos un foro todos los años, donde nos reunimos en una asamblea multitudinaria, donde generamos trabajo para el resto del año.

—¿En Santa Fe también participa Proyecto Sur?

—Sí, también.

—¿Así como Alfonsín dijo: “Mi límite es Macri”, su límite sería De Narváez?

—Me pone otra vez en la misma encrucijada. Yo no le pongo bolilla negra a nadie. Le digo lo que pienso en función de un proyecto de desarrollo económico y social para la Argentina. Si nosotros queremos un desarrollo económico y social, tenemos que trabajar en un proyecto de esa naturaleza. Esto significa que hay que saber cómo enfrentamos la producción, cómo generamos las cadenas de valor, cómo tenemos un diálogo de lo público con lo privado, cómo tenemos diálogo de lo público con lo público, cómo generamos un consejo económico y social que permita generar allí un diálogo constructivo entre los distintos sectores de la sociedad. Son aspectos que tienen que ver con el todo. Por eso nuestra preocupación está tan centrada en saber qué hacer porque creemos que la cuestión de gobierno es muy seria y de una gran responsabilidad. Y, por lo tanto, se aborda el problema de la responsabilidad y de la complejidad con propuestas complejas.

—Dijo que un tercer partido como en Uruguay no lo ve muy factible. La idea del tercer partido es la tesis fundamental de Pino. ¿El diagnóstico de Pino es equivocado?

—No. Es difícil construirlo, como también, si el radicalismo acuerda con determinados sectores que están en otra vertiente, creo que es difícil la construcción con el radicalismo.

—¿Usted cree que el radicalismo va a terminar acordando con De Narváez?

—Eso depende de la Unión Cívica Radical. La verdad es que no conozco su funcionamiento, sus decisiones, cómo lo van a tomar.

—¿Cómo se arregla con los sindicatos en Santa Fe y cómo imagina la gobernabilidad de un presidente no peronista?

—Nosotros tenemos una experiencia muy reciente, que es la crisis de 2008, donde se conformó una multisectorial en la cual participó el Ejecutivo, el Legislativo, los empresarios a través de Fisfe y los trabajadores a través de la CGT y la CTA, y la verdad es que fue una experiencia maravillosa porque el objetivo central era que no se cerraran fábricas y no se perdieran fuentes de trabajo. Se lograron las dos cosas. Hubo posibilidades ciertas de ayudar a las empresas que estaban con muchas dificultades a financiar pasivos. Nosotros no solamente creemos que es posible el diálogo entre los sectores de la producción y los sectores del trabajo, sino que además da resultados. Usted dice: “Los convoca hoy, está todo mezclado, estamos en tiempo de elecciones, afloran más los valores de los colores políticos del justicialismo”. Pero esto no nos tiene que hacer dejar pasar las elecciones sin ir dialogando, porque también es cierto que necesitamos de este vínculo y de este diálogo de lo público con lo privado.

—¿Moyano será un problema para un nuevo gobierno, incluso para la actual presidenta si fuera reelecta?

—El problema está en que el 80% de los trabajadores estables esté sindicalizado.

—¿Darles personería a más organizaciones sindicales?

—Y promover que se afilien los trabajadores a los sindicatos. Los trabajadores tienen que estar dentro de los sindicatos.

—¿Y con Moyano?

—Moyano en particular es parte de un esquema de gobierno en el cual, como acostumbra el justicialismo, se mezclan los símbolos partidarios con los del Estado. Siempre hay una línea muy difusa que separa lo político partidario de lo institucional.

—Usted dijo que hay un proyecto político que, mal o bien, funciona.

—Funciona pero de una manera que nosotros no compartimos.

—¿“Funciona” cómo lo podríamos traducir?

—Vivimos en un momento de bonanza económica que tiene sus dificultades porque hay una serie de problemas no resueltos. Por ejemplo, 50 mil millones de dólares destinados a subsidios es una cifra extraordinaria. ¿Cómo solucionamos esto algún día? Porque se está subvencionando a gente que no necesita subvención. He visto las boletas de Edenor, por ejemplo, de un amigo de Kirchner que vive en un sector bien acomodado de la Ciudad que paga 67 pesos, y abajo, dice: “Si usted viviese en Córdoba con ese consumo pagaría $ 208, y si viviese en Santa Fe con la EPE pagaría $ 205”. Está demostrándole que es un país inequitativo, y son políticas que en algún momento se van a tener que corregir. ¿Cómo se va a hacer esto? Es una situación cuya complejidad, probablemente, sea similar a la que se vivió cuando se salió del uno a uno.

—¿Los subsidios primero y la inflación después, o la inflación al mismo nivel?

—La inflación carcome a la sociedad en las dos puntas porque le quita confianza al inversor, lo desfinancia y, por otro lado, castiga a los sectores más humildes.

—¿Usted ve más grave el tema de los subsidios?

—No, son los dos graves. La inflación es un problema muy serio. Imagínese que Chile tiene un 4%, Uruguay tiene un 5%, Brasil se agarra la cabeza porque tiene un 6%, y nosotros tenemos un 25%. Si no frenamos la inflación, después, todos los golpes son durísimos. No olvidemos la crisis de 2001.

—¿Cómo está el campo a tres años de la 125? ¿Hay, como dice el Gobierno, muchos ruralistas dispuestos a votar por Cristina Kirchner?

—La verdad es que no. Toda la gente del campo con la que hablo no tiene esa percepción. Hoy la balanza comercial no es la misma de hace un año.

—¿Cómo cambió?

—Hay una gran productividad, con la cual nos salvamos todos. Hay buen régimen de lluvias, el sol hace el resto, hay un crecimiento en la producción agraria muy importante. Pero hay una renta agraria que se pierde en numerosos espacios que, verdaderamente, reducen la rentabilidad del campo.

—¿Temen que un triunfo de la actual presidenta derive en una mayor intervención del Estado con una junta nacional de granos o de carnes?

—Eso, en otro momento, fue valioso. Hoy no tiene sentido; el mundo globalizado ofrece otras perspectivas. La Argentina debería tener una posición muy clara para comercializar en forma conjunta con Brasil. Recordemos lo que pasó no hace tanto tiempo con China, que un día dijo: “Ustedes no nos compran tal producto, nosotros no les compramos aceite”. Hubo un momento de pánico, pero apareció como hada madrina India, que compró todo. Pero después volvimos al esquema anterior. China tiene un proyecto de reemplazo por aceite de palma, lo están desarrollando y dicen que en diez años lo tendrían en plena evolución. Vender el mismo producto por separado no le conviene ni a Brasil ni a Uruguay ni a la Argentina ni a Paraguay; vender juntos significa maximizar ganancias.

—¿No imagina un Estado interviniendo más?

—No.

—¿Cuál es su opinión sobre la controversia entre Techint y el Gobierno por los representantes de Anses en los directorios de las empresas?

—Es un problema que viene de arrastre por la transferencia de los fondos de Anses. Lo que era un 5%, como un valor máximo para nombrar a un representante… Primero, esto no puede ser por un decreto de necesidad y urgencia porque no es urgente ni necesario. Lo enviaría al Congreso para que se debata más.

—¿Daría a las empresas la posibilidad de recomprar sus acciones?

—Por supuesto.

—Otra controversia del Gobierno es con Clarín. Usted estuvo a favor de la Ley de Medios. ¿Cómo evalúa la evolución de ese conflicto?

—Son dos cosas distintas porque, por un lado, lo que a nosotros nos interesa en Santa Fe es poder comunicarnos. En la provincia de Santa Fe no hay un solo medio, ni oral, ni escrito, ni televisivo, que se escuche, se lea o vea en toda la provincia. Hay una gran fragmentación, cada uno transmite para su barrio, para su ciudad.

—¿Desea un equivalente a Radio Nacional y a Canal 7 a nivel provincial?

—Con otra forma de funcionamiento. No un lugar hegemónico del gobierno, sino un lugar donde la propia ley y el propio proyecto garanticen la pluralidad. Hemos enviado a la Legislatura un proyecto de Ley de Señal Santa Fe; hemos trabajado muchísimo, tenemos varios programas hechos. Usted sabe que hoy el abaratamiento de la tecnología posibilita que muchísima gente creativa tenga la posibilidad de expresarse.

—Sigue pensando que la Ley de Medios es positiva?

—Positiva, claro.

—¿Y sobre el enfrentamiento del Gobierno con Clarín?

—Debería haber, de parte del Gobierno, un diálogo más fecundo alrededor de lo que se necesita en el país; me parece que es una forma lógica de entendimiento. Es necesario que haya pluralidad, distintas voces, que tengan la misma capacidad. No se puede regular esto a través de un papel.

—Usted propone que haya un diálogo entre el Gobierno y el Grupo Clarín.

—Entre el Gobierno y los medios, como con los productores. Fíjese que el problema del campo es, fundamentalmente, porque no se consulta a la gente del campo. Cuando se llevan adelante políticas de esta naturaleza, la gente se siente incómoda.

—¿Está de acuerdo con el proyecto de distribuir ganancias de las empresas entre los trabajadores?

—Está en la Constitución y, por tanto, es lógico que sea exigible. Habrá que ver de qué ganancia estamos hablando, si es una ganancia directa del producto o si es un premio a la competitividad, como en Brasil, que tiene un régimen de esta naturaleza. Es un tema en el que los sectores empresarios deberían hacer una propuesta, fundamentalmente porque está en la Constitución y hay experiencias que son buenas.

—¿Usted descuenta que Cristina Kirchner va por su reelección o cree que todavía quedan posibilidades de que no se presente?

—A mí me parece que va por su reelección.

—¿Qué reflexión le merece el asesinato de Bin Laden?

—Primero, creo que le ha venido muy bien a Obama. No creo que a Estados Unidos le haya llevado diez años ubicar a una persona que estaba buscando: evidentemente, lo tenía ubicado. Y no cabe ninguna duda de que era una persona siniestra.

—Usted, como médico, ¿podría ser presidente de un país en el que tuviese que ordenar la muerte de alguien, aunque fuese declarado enemigo de la nación?

—Yo estoy en contra de matar.

—¿Hay algo que no le haya preguntado que usted quisiera agregar?

—Simplemente, aspirar a que los argentinos encontremos un rumbo que nos incluya.

Fuente: Perfil / AGP

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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