Por Jorge Alemán. – En España hay tres escenarios que se superponen sin que exista por ahora un modo de articulación de los mismos.
En primer lugar, Sánchez no es ya un presidente del PSOE, es el presidente de una coalición de izquierdas y ha logrado introducir una serie de transformaciones estructurales en España que lo han vuelto -con justicia- un referente mundial de las izquierdas. A pesar de esta caracterización, existe un problema estructural en España que se arrastra desde el franquismo: la vivienda o, lo que ha venido a llamarse en los últimos años, el “rentismo”.
Como suele suceder con las coaliciones de izquierdas, existe, dado que gobiernan bajo las condiciones del capitalismo, una serie de límites estructurales que son muy difíciles de realmente atravesar. Por bien intencionado que sea un gobierno de izquierdas, los poderes del capitalismo hacen valer su hegemonía.
El segundo escenario es una derecha ultraderechizada, un espacio donde las derechas liberales han borrado sus límites con las ultraderechas y que se inscriben en la nueva internacional “trumpista” de ultraderecha. El acoso mediático a Sánchez y las tradiciones franquistas -ahora camufladas como democráticas- les han hecho ganar terreno, el suficiente como para ganar las elecciones.
El tercer panorama constituye la novedad del asunto: miles de españolas y españoles están acampados en la céntrica Puerta del Sol desde hace días demandando una vivienda digna para todo el mundo. El desencadenante a nivel mediático ha sido el caso de una señora de 87 años, Maricarmen, a quien desalojaron de su casa. Ella misma pidió ante las cámaras que no dejaran de luchar por lo que es un derecho de todas: una vivienda digna. La lucha ha conseguido que Maricarmen vuelva a su casa. Hemos de decir que no es lo mismo el 15M de 2011 que este 26S; si bien están ocupando el mismo espacio, ahora circulan significantes de la tradición marxista que no circularon durante aquel 15M. Poder popular, clase trabajadora y huelga general son algunos de ellos. Esta novedad puede tener que ver con que este nuevo movimiento presenta un vector sindical, el Sindicato de Inquilinas, cuyas portavocías son también mujeres en su mayoría. Cada día ellas van expresando con más precisión la articulación ideológica que sostienen, y han logrado encontrar una forma de transmisión potente y distinta.
Ahora bien, el problema que se presenta se podría describir del siguiente modo: en el ambiente marxista de Sol, como era lógico de esperar, se respira un “antisanchismo”. Elemento que coincide con el momento decisivo de que la ultraderecha franquista pueda volver a gobernar España.
Ante esta encrucijada cabe, entre otras, la siguiente pregunta: ¿cómo se podría encontrar una posición donde se pueda apoyar el gobierno de Sánchez y, al mismo tiempo, el movimiento que ha surgido en las calles? Si el movimiento por la vivienda del 26S solo sirve para hacer caer a Sánchez, su virtud marxista quedaría profundamente cuestionada porque podría abrir la puerta a la ultraderecha. A su vez, Sánchez debería, aun reconociendo los límites de la situación, intentar profundizar más una interlocución con las calles. En realidad ambos lados deberán reconocer cómo dialogan entre sí sus propios límites, si no se desea que la ultraderecha llegue al gobierno. Para ello será imprescindible atender al peligro real que supone (como ya sucede en la querida Argentina) un gobierno neofascista.
Publicada por Página 12
Editor: EM



Noticias relacionadas
El desamparo del ídolo: el juicio por Maradona expone la desidia como método
Polémico: arranca el primer juicio por el “protocolo antipiquetes”
Precios y corrupción, el final para un sueño de verano libertario